Capítulo 137
Tan arrepentido que apenas podía respirar, caminó dando tumbos por las tétricas calles. Debería buscar un lugar donde dormir, pensó, pero a la vez supo con diáfana claridad que no lo haría. Esa noche sería incapaz de cerrar los ojos, consciente de que, en el momento en que lo hiciera, evocaría el tacto exquisito de la piel de Nuria, sus curvas suaves y voluptuosas, su sabor dulce y excitante. Recordaría anhelante el placer que ella le prodigara, el cariño salvaje que había sentido hacia la mujer