Capítulo LXXI. Las grietas de las corazas de protección. Parte 1
Ailan.
- “Desconecta la electricidad del ático unos segundos”- al oir estas palabras de su boca lo comprendí todo.
Fueron una sentencia a mi estupidez, ¿cómo se me había podido pasar eso?, ¿cómo había podido caer en mi propia trampa? Me sentí como en escorpión que, en sus ansias por acabar con su adversario, se terminó picando así mismo, y muriendo por su propio veneno.
Intente poner el pestillo mecánico que tenía la puerta, pero como siempre, ese hombre fue mucho más rápido que yo. En segu