Capítulo LVII. Un trato que es una sentencia. Parte 1
Ailan.
- “Tú decides, Diosa, mi hotel o tu ático, queda claro que otro sitio sin mí, es imposible.”- fue lo primero que me dijo mi secuestrador, me mantenía sujeta entre sus brazos, en su regazo, mientras él estaba sentado, y yo estaba vestida de novia. Íbamos avanzando por las calles de Londres en una enorme limusina blanca, a esas horas de la noche.
- “Mi ático”- dije en apenas un murmullo, sintiéndome totalmente anulada. Tenía claro que todo lo que dijera en contra de esa opinión, tanto Gl