Capítulo C. Un hada de luz.
Ailan.
- “¿No me digas que también trabajas con Gred Watson?”- le pregunté a Bea, mientras tomábamos un café, aunque, ante el asqueroso olor que ultímate me suponía café, yo tomé un zumo. Estábamos en la cafetería de una de las tiendas más grandes de Londres.
Estábamos esperábamos que llevaran nuestras compras al coche que Christine me había enviado, junto a un bolso con mis tarjetas de repuesto, y un móvil de sustitución hasta que recupera el mío, el cual había sido secuestrado, junto a mi n