El estómago de Samantha comenzó a hacer ruido. Tenía hambre y honestamente, la comida del hospital no era algo que llenaba o nutría lo suficiente a una persona. Miró a su lado a Daniel quien había girado a verla.
—¿Tienes hambres?
—Sí.
—No podemos pedir comida.
—Lo sé. — Suspiró mientras apoyaba su cabeza en la almohada, entonces tuvo una idea. —Podemos salir.
—De ninguna manera.
—Por favor. — Insistió mirándolo con cara de cachorrito. Daniel suspiró.
—No tu no estás bien de tu tobillo.
—Puedo