Samantha había sufrido más de lo que sufrió en toda su vida, recibió golpes, agua en el rostro, gritos y hambre en su estadía. Ni siquiera sabía cuanto tiempo llevaba ahí, pero en todo ese tiempo lo único en que pensó fue en su familia. No quería irse sin verlos, aunque sea una última vez.
Un par de días después de su secuestro, el hombre de cabello castaño le lanzó un vestido.
—Póntelo, tienes visita. — La joven obedeció, honestamente no quería recibir más maltrato. El hombre de cabello castañ