Sam intentó calmar a la pequeña. La niña parecía afligida y eso la preocupaba. La cargó y la sentó en el mismo sitio donde había estado Lucas y le quitó el cabello de la cara. Buscó una servilleta encontrando una de tela. Con ella pasó la pieza sobre sus ojos con suavidad.
—No llores pequeña.
—Odio a ese niño. — Admitió. Sam hizo una mueca.
—Lucas es un niño increíble Ariana, no estuvo bien lo que hizo, pero te prometo que él no suele ser así. Si él se disculpa, ¿aceptarías su disculpa? — La pe