—No te apures… —dijo Ania jalando de su manga—: Nada más quiero que te quedes conmigo un rato, ¿de acuerdo? Si no, ¡mejor déjame morir de una vez!
—Pues muérete entonces —Marc le respondió secamente, pero aun así le sirvió un vaso de agua—. Tómatelo.
Ania resopló:
—El agua no cura.
Me tambaleé un poco debido al empujón, casi me caí. Al levantar la vista, ahí estaban los dos, conversando de manera tan natural.
Ella estaba dispuesta a fingir en cualquier momento, mientras el otro, dispuesto a cree