Pensé que Augusto aceptaría sin problema.
Sin embargo, al otro lado de la línea hubo un incómodo silencio. Tras un momento, aclaró la garganta, como si estuviera bajo presión, y dijo: —Señorita Lamberto... ¿Está considerando vender sus acciones? ¿No prefiere mantenerlas?
—Sí —respondió Olaia con una sonrisa.
—¿Para qué conservar algo que le dio un exmarido? Es mejor convertirlo en dinero.
—Ejem... ejem...
Augusto tosió con fuerza, como si se hubiera atragantado.
No estaba claro si se le había ca