—¡Cuántas veces tengo que decirte que no eres digna de él!
—¿Por qué no lo crees?
Ella se rio tapándose la boca, y me pellizcó fuertemente la mejilla. Luego, con los dientes apretados, me dijo: —¿De verdad me estás obligando a llegar a esto hoy? ¿Crees que soy Ania, esa persona que quiere entrar en la familia Romero pero no puede ni mover una piedra de su camino, como tú?
—Delia, desde pequeña, nunca he fallado en conseguir lo que quiero.
—Si no puedo obtenerlo, mi madre tampoco permitirá que es