Olaia parecía poseer una fortuna inagotable. Con un gesto despreocupado, exclamó: —¡Gástate lo que quieras en tu hija! No hablemos de despilfarrar.
—Además, Mateo no tiene problemas de dinero.
Mientras le ponía unos zapatos pequeños a la bebé, añadió: —El señor Mateo me dijo que me reembolsará todo lo que gaste, ¡así que a disfrutar!
…
Todos parecían ser unos derrochadores.
—¡Ay, es tan adorable!
Olaia no pudo resistir la tentación de darle un beso y preguntó: —¿Ya le pusieron nombre? No podemos