Entonces, unos cuantos pares de ojos se dirigieron a Jay. Esperaban ver cómo castigaría a Angeline, esa alborotadora.
Angeline se chasqueó los labios y murmuró en voz baja: "¿No es solo una orquídea?".
La cara de Jay, que parecía salida de una historieta, era muy fea. Esta chica probablemente había olvidado el origen de esta orquídea.
Había sido ella quien había llorado y se había lamentado, queriendo salvar la orquídea hacía quince años. Él la había consolado una y otra vez, diciendo: "Es so