Sentada en el Rolls-Royce de Jay, las emociones de Rose eran complicadas.
Una vez fue su sueño ir al Chalet de Turmalina.
Ella se lo había pedido a Jay innumerables veces: “Jaybie, sé que no te gustan los problemas, así que no nos casemos. Podrías llevarme al Chalet de Turmalina y seríamos como marido y mujer. ¿Eso está bien?”.
Jay siempre había respondido con la misma excusa: “Cualquier mujer que entre al Chalet de Turmalina debe ser la esposa oficial de un Ares. No hay otra forma de evitar