Jay miró fijamente los ojos codiciosos del hombre y dijo con voz ligera: “Aunque consigas el tesoro, ¿un lisiado como tú podrá llevárselo?”.
El hombre miró a Jay, con sus profundas pupilas llenas de burla. Dijo siniestramente: “Señor Ares, no debe saber lo que es el tesoro”.
Los ojos de Jay se oscurecieron ligeramente, y solo en ese momento se interesó un poco por el tesoro que había dentro de la tumba. “¿Y tú lo sabes?”.
“Has oído hablar de esta leyenda…”.
“¿Una leyenda?”.
“Una leyenda de