“Los niños no deberían insultar”, reprocho Rose a Jenson.
Jenson la fulminó con la mirada y subió las escaleras, cerrando la puerta de su habitación detrás de él.
Rose miró fijamente la puerta cerrada y dejó escapar un triste suspiro.
'¿Qué debo hacer con Jenson?'.
Él era el hijo al que más le debía.
No sabía ni cómo empezar a compensar el amor maternal que le habían negado durante tantos años.
Miró el reloj y se dio cuenta de que se estaba haciendo tarde.
Rose fue a la cocina y decidió