Bip, bip.
Al escuchar la señal de línea ocupada que sonaba en el teléfono, Jay colgó débilmente el auricular del teléfono.
Angeline estaba sentada en el coche, empapada en lágrimas.
Siempre anhelaba volver con él, pero su apariencia física actual la había hecho renunciar al deseo de una vida mejor.
Los ojos de Jay estaban rojos y las lágrimas comenzaron a rodar incontrolablemente. Incluso estando Angeline en un estado tan terrible, se negaba a aceptar su ayuda. ¿Estaba ella tan desesperada p