Los ojos de Angeline, que parecían charcos de agua estancada, rodaron de repente en sus órbitas. Ella volvió la cabeza y lo miró con indiferencia. Cuando abrió los labios, su voz delicada y débil sonó: “En mi mundo, simplemente no podemos coexistir. Soy ella o yo. Tienes que hacer una elección”.
Su voz podía ser suave y débil, pero sus ojos eran firmes y decididos.
Los ojos de águila de Jay se contrajeron abruptamente mientras finas gotas de sudor frío se filtraban por su espalda. ¿Angeline es