Jay miró el sonrojo en el rostro de su delicada esposa y se puso un poco de mal humor.
¿De dónde exactamente recogió esta elocuente mariposa? Una mariposa que no solo tenía mal genio, sino que además era una bravucona.
Jay se sintió inexplicablemente inferior y preguntó incómodamente: “¿Por qué te gusto?”.
Angeline dijo con una sonrisa: “Desde la infancia, nunca he tenido a alguien que me gustara. Ya que tu gustabas de mí, pensé que debería aferrarme a ti y no dejarte”.
Jay: “…”.
Él miró a