Capítulo 11

—Ai, pero no has perdido el tiempo —Comentó Mio tras un sorbo de la bebida que tenía  en la mano, con un tono pícaro meciéndose en una mecedora en el pórtico de la cabaña.

—Ni una sola palabra, ratas—Gruñí enojada, pues ya mi buen ánimo se había ido junto al rubio de revista.

Mio resopló y siguió leyendo el libro que tenía y antes de que Kai fuera a decir algo

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