GRACE REED
Estaba parada en medio del pasillo de nuestro penthouse, sosteniendo mi bolso de cuero y mi bata blanca, mirando fijamente a la montaña de músculos y terquedad que bloqueaba mi camino.
Dominic tenía los brazos cruzados sobre su ancho pecho, vestido con unos pantalones deportivos y una camiseta negra, mirándome con esa expresión de que no aceptaba un "no" por respuesta. El problema es que yo tampoco lo aceptaba.
— Dominic, quítate de enfrente de la puerta del elevador — pedí, intentan