DOMINIC THORNE
Cerré los ojos por un segundo. Conté mentalmente hasta tres para no cometer un homicidio doloso ahí mismo. Nadie, absolutamente nadie en el planeta Tierra, tenía el derecho de hablarle a mi mujer de esa manera.
Abrí los ojos. Solté la mano de Grace con delicadeza y me giré hacia Tanya.
La chica empezó a temblar cuando vio la expresión de mi rostro.
— ¡Yo... yo no dije eso! — intentó mentir, lloriqueando y dando pasos hacia atrás. — ¡Ella está mintiendo, señor Thorne! ¡Inventó tod