lDOMINIC THORNE
Caminé hacia Charlotte Hale. Estaba recargada sosteniendo un martini. Cuando me vio, sus ojos brillaron y abandonó el martini en la mesa. Se acomodó el escote de su vestido vulgar y me dedicó una sonrisa que conocía desde hace años.
— Dom... — ronroneó, tendiéndome la mano. — Sabía que vendrías. ¿Por fin te diste cuenta del error que cometiste? Aún estás a tiempo de anularlo, querido.
Le tomé la mano.
— Vamos a bailar, Charlotte.
Su sonrisa se ensanchó, triunfante. Miró a los la