GRACE REED
La fiesta de recepción estaba en pleno apogeo en el gran salón de baile de la mansión. Candelabros de cristal gigantescos iluminaban a cientos de invitados que bailaban, bebían champán y, lo más importante, me miraban con un respeto nuevo y aterrorizado.
La tiara en mi cabeza pesaba, pero era un peso bueno. Un recordatorio constante de que ya no era Grace Reed. Yo era una Thorne.
Dominic no se apartó de mi lado ni por un segundo. Su mano estaba siempre en mi cintura, guiándome, prese