Al flotar hacia allá, me di cuenta de que habían reservado el mismo hotel donde nos casamos.
Las acciones de Carlos me resultaban incomprensibles, pero ya no importaba, sentía que pronto me iría.
Flotaba por todo el salón y descubrí que incluso el menú era idéntico al de nuestra boda.
Qué persona tan extraña y egoísta.
Carlos vestía el mismo traje que usó en nuestra boda, de pie erguido en el centro del salón, con Yolanda pegada a él en el vestido que no le quedaba bien.
El maestro de ceremonias