Puesto que Enrique veía que Leo ya no era el mismo, se preocupaba por él, pero siempre le decía que estaba bien, pero la realidad era que no lo estaba, por lo que decidió tocar la puerta.
― Adelante ― respondió Leo un tanto seco.
― ¿Estás bien, hermano? ― preguntaba Enrique un tanto preocupado por su hermano.
― Estoy bien, no te preocupes ― hablaba Leo tratando de sonreír, pero le había salido una mueca.
― Este es el problema contigo dices que estás bien, pero tu mirada demuestra lo contrar