Despierto con un dolor de cabeza horrible, pero cuando intento levantarme algo en mi mano impide que lo haga.
- ¿Qué es esto? - miro hacia arriba y veo que estoy encadenada a una cama grande - ¿Dónde estoy? - Tranquila, Val, no entres en pánico. Escucho la puerta abrirse y al ver quién entra, mi rabia aumenta.
- Te dije que serías mía.
- Agustín, sácame de aquí, ¡no entiendes que no me interesas! - En un rápido movimiento, se monta encima de mí y toma con fuerza mi rostro.
- Y tú no entiende