"Me siento terrible cuando no me oyes".
Más tarde la abuela y yo esperamos en el recibidor de la mansión impacientes. La abuela no quiso ir a la estación pues aseguró que no haríamos sino empeorar todo pues Julián estaba muy enojado. Era mejor dejar que él lo resolviera. Amparo se acerca con té y de pronto la puerta se abre. Es Julian. Al mirarnos su gesto se torna fatigado. Se quita su corbata y deja sus llaves en la mesita. Su cara está toda lastimada.
—Ya estarás feliz Laura. Quedé como un ogro ante el oficial. Porque según tu a