ALESSIA CONTE
Estoy llorando desconsoladamente en el hombro de Sabrina. Creo que llevo dos horas en esas, pero la verdad es que lo necesito. Siempre he sido de esas chicas que se guardan todo y, por primera vez, quería sacar todo mi dolor a través del llanto.
—¡BASTA! —grita Sabrina, haciéndome pegar un susto horrible—. No soporto verte así. Tú eres una gran mujer, ese infeliz no merece que llores por él.
—Es que no entiendo por qué me hizo esto… una noche antes él y yo…
—No me digas… ¡SE ACOSTA