Luego de la perfecta salida con el príncipe, no puedo dejar de sonreír. Con Felipe todos mis problemas se van; me hace sentir bien.
—¿Dónde estabas? —mierda, qué susto. ¿Hace cuánto está observándome?
—¿Ahora me controlas la hora de llegada?
—Esta es una casa decente, no tienes por qué llegar tarde. - Miro el reloj y veo que son las 7 p. m.
—¿Es en serio? Son las 7, señor Russo. Me parece una hora adecuada para entrar.
Este se levanta y camina hacia mí.
—¿Dónde estabas?
—A usted no le interesa.