capitulo 62

El restaurante estaba lleno de murmullos. Valeria sentía el peso de las miradas ajenas como cuchillos invisibles que se clavaban en su piel. Fingía concentrarse en el pan y el café frente a ella, pero por dentro cada palabra que alcanzaba a escuchar la hacía encogerse un poco más.

Gabriel, atento, le apretó la mano con suavidad.

—Mírame —le dijo con firmeza, sin darle opción de esconderse—. Eres hermosa, Valeria. Y no voy a permitir que nadie te haga sentir menos.

Ella apenas sonrió, agradecida
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