Esa noche el viento soplaba con una fuerza inquietante, haciendo crujir las ventanas del pequeño hostal. Valeria apenas podía dormir. Cada ruido la hacía abrir los ojos, cada sombra la obligaba a abrazar con más fuerza a su hijo. Gabriel estaba sentado junto a la puerta, con una vieja pistola que había conseguido en un pueblo cercano.
—No deberías quedarte despierto toda la noche —susurró ella.
—No puedo dormir sabiendo que podría aparecer en cualquier momento —respondió sin mirarla, atento a c