Valeria se dejó caer en el sofá, empapada, con el pulso desbocado.
El eco de la puerta cerrándose detrás de Alexandre aún vibraba en sus oídos. Gabriel se mantuvo de pie frente a ella, sin saber si debía tocarla o darle espacio.
La lluvia seguía cayendo afuera, golpeando los ventanales como si quisiera colarse dentro.
—Valeria —dijo finalmente, con la voz ronca—. ¿Qué fue eso? ¿Qué quiso decir?
Ella levantó la mirada, los labios temblando, sin atreverse a sostenerle los ojos mucho tiempo.
—No…