La noche avanzaba silenciosa, pero para Valeria no había descanso. Cada sombra parecía moverse con intención, cada sonido del exterior hacía que su corazón se acelerara. Se sentó en el suelo del apartamento improvisado, abrazando su vientre, intentando calmar el temblor que no solo venía del frío. Sabía que Alexandre no tardaría en darse cuenta de su paradero.
Al otro lado de la ciudad, Alexandre revisaba su teléfono, con la mandíbula tensa. Cada movimiento de Valeria y Gabriel estaba registrad