Valeria despertó sobresaltada. Había tenido un sueño tan real que por un momento creyó escuchar una voz dentro del cuarto.
El reloj marcaba las tres de la madrugada. Gabriel dormía a su lado, respirando con calma, ajeno a la inquietud que la mantenía alerta. Se sentó en la cama, frotándose los brazos, intentando convencerse de que era solo su imaginación.
Pero el presentimiento era demasiado fuerte.
Se levantó y caminó descalza por el apartamento, en silencio. Pasó por la sala, por la cocina, y