El Huracán

Después de aquel suceso, no quise hablar de nuevo con Sarahí, me llevó hasta mi casa, ninguno de los dos dijo ninguna palabra. Saqué sus cosas de mi casa, y Sarahí iba a decir algo, cerré la puerta, apagué todo y me acosté, odiaba en ese momento estar acostado en esa cama, tenía el olor de ella. Pero, por otro lado, por alguna razón sentía que, si estaba acostado allí, Oreo vendría… a acostarse n

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