55.
Limpio mis lágrimas mientras veo cómo él sale de nuestra habitación. Tiene la barba más larga y desprolija. Mi vista se vuelve borrosa por las lágrimas, y siento cómo Tosha pasa su mano por mi espalda.
—Cosita, ¿estás llorando?
—No.
—Déjame ver tu cara, el propósito de una videollamada es que ambas personas se vean.
—Sí, estoy llorando.
—No estoy muerto, no debes llorar por mí, yo...
—¡Te puedes morir si yo no estoy! —digo sin pensar, y siento una punzada en el pecho—. Nunca más te vería.
—No pi