—¡Hice todo lo que pude para salvarlas! —rugió Tadeo, señalando la camilla—. Y no salvé a Catalina por buena voluntad ni por ti. ¡Lo hice porque Melanie me suplicó que protegiera su vida!
—¡Basta! —conseguí gritar con la voz desgastada por el esfuerzo y el llanto—. ¡Basta de una vez!
Ninguno me escu