Al mismo tiempo la tomó por los hombros y la apartó de Martín, protegiéndola con el cuerpo, varios hombres se acercaron casi de inmediato, fueron hacia Martín y lo sujetaron entre varios, mientras él seguía forcejeando…
—¡No me toquen! —gritó Martín, forcejeando—. ¡Ella es mía!
—No lo soy —respondió