(Narra Leonardo)
Entro al club junto a mi padre y varios hombres más.
Desde afuera, el lugar parece una cafetería cualquiera al borde de la carretera, perdida en las afueras de Cercedilla. Nada especial.
Pero apenas cruzo la puerta trasera, el olor me golpea de lleno: alcohol, sudor, miedo...
El ruido de la música apenas logra tapar el sonido del llanto.
Levanto la vista y veo mujeres encadenadas a columnas, otras sentadas en sofás con hombres tocándolas como si fueran mercancía. Una c