ZAIA
Me doy la vuelta, no hay nadie a la vista, pero puedo olerlos. Huele a… ¿ceniza y metal? Es una combinación extraña y se está volviendo más fuerte.
Mis propios sentidos se intensifican y dejo escapar un gruñido mortal, advirtiéndoles que no les tengo miedo. El sonido que sale me sorprende incluso a mí misma, pero me da la confianza para levantar la cabeza y gruñir una vez más.
Le siguen uno… dos… tres gruñidos, y me doy cuenta de que hay más de un salvaje allá afuera.
Bueno, en el peor