Harvey York sonrió ligeramente. Le resultaba indiferente el odio que podía sentir Quinn Zimmer hacia él.
La confianza de Quinn Zimmer provenía de su aspecto mediocre.
Era una pena que solo fuera un poco guapa. Su belleza no podía compararse con la de Mandy, que sería capaz de derribar edificios.
Para la gente rica, una mujer como Quinn Zimmer, sería como mucho, un juguete para ellos.
Que ella se pudiera casar con alguien de una familia rica era tan solo un sueño.
***
En Hong Kong, la brisa