Los tres estaban completamente rodeados.
Uno de los guardias puso una mano en la empuñadura de la espada que colgaba de su cintura, como si se enfrentara a un enemigo.
"Ya que se atrevieron a falsificar una invitación, asumiré que tienen motivos ocultos. Quiero conocer esas razones. ¡Luego los llevaré con las autoridades!".
Al sentir el instinto asesino que emanaba de los guardias, Stanley y los demás apenas pudieron controlar sus entrañas. Parecía que esos hombres estaban a punto de desenvai