"¡Ha llegado!", exclamó Félix de repente con una sonrisa de oreja a oreja.
Harvey pasaba por la entrada del club privado con las manos cruzadas a la espalda. Se veía tranquilo e indiferente.
Una poderosa e indescriptible sensación le rodeaba mientras se acercaba.
La sensación fue momentánea, pero no dejó de desconcertar a los ejecutivos presentes.
"Félix... ¿es este el perdedor del que hablabas?".
Preguntó uno de ellos, un poco inseguro.
Este hombre le resultaba algo familiar, pero no reco