“¿Y qué pasa si digo que no?”, preguntó Harvey York con calma.
“¿No?”.
Paula Baker se rio entre dientes con frialdad.
“¡Claro que puedes decir que no!”, replicó ella con un tono autoritario.
“Pero si sigues faltándome al respeto...”.
“Entonces no me culpes por lo que pase después”.
“¡Pero no te preocupes! ¡Soy una mujer civilizada! ¡No golpearía a quien quisiera!”.
“¡Probablemente los enviaría a todos al psiquiátrico por el resto de sus vidas!”.
Claramente, así era como Paula hacía las c