Una risa alegre se oyó al otro lado del teléfono.
“Debo admitirlo. Son unas condiciones bastante buenas”.
“¡Casi me conmueven!”.
“Pero para serte sincero, no son tan prácticas para mí”.
“No te necesito para subir al poder”.
“Nadie se atrevería a oponerse a mí una vez que sea el jefe de mi familia”.
“Tus supuestos beneficios son solo cosas adicionales. No me ayudan de ninguna forma”.
“No los necesito”.
“Por eso no estoy tan interesado”.
La cuarta princesa tomó un profundo respiro.
“Pued