El cuerpo del compañero de clase que acababa de ser pateado no dejaba de retorcerse. Se agarraba el estómago, incapaz de levantarse. Los otros pandilleros se acercaron y cada uno le dio una patada hasta debilitarlo.
El espectáculo llenó a todos de profunda conmoción y miedo. Miraron a Jamie y a Nia, que se mostraron indiferentes, como si lo ocurrido no tuviera nada que ver con ellos. Los demás no pudieron evitar fruncir el ceño.
Lógicamente, tanto Jamie como Nia se preocupaban mucho por su