—Otra vez hueles triste —comenta Laurie mientras lo levanto para sentarlo en mi camioneta. No respondo nada, simplemente le pongo el cinturón y camino hacia mi lado— ¿Por qué estás tan triste? Ganamos un montón de boletos.
Dios. Este niño.
—Eh... no lo sé. A veces estoy triste y no sé la razón —miento.
Laurie reflexiona profundamente sobre mis palabras, pero no vuelve a decir nada.
Cuando llegamos a la casa, Olivia sale como si no pudiera soportar estar lejos de Laurie ni un segundo más, co