Al ver que él que estaba detrás de ella, era Giotto y no Gino, Anna frunció el ceño, mientras que el lobo, inclinaba la cabeza de un lado a otro, reflejando su misma confusión.
–¿Gino? –lo llamó Anna acercándose a él
“¿Acaso nos escuchó?” –gruñó Giotto levantando la cabeza en dirección de Anna
“Imposible…”–dijo la queda voz de Gino
“Se lo dijiste a través del vínculo, pude sentirlo…”
“Bueno, sí, lo intenté, pero ella no debería escucharnos, no todavía, Amara debe renovar sus lazos con la ma