Ante el tono fastidiado de su joven alfa, Gael soltó una carcajada.
“¿Acaso tú no estás celosa?” ―le preguntó el hechicero― “Creo que es muy evidente con qué intención se acercan esas lobas”
“Claro que lo estoy Gael, pero las lobas que se acercaron a él eran lobas que ni si quiera tienen idea de los rumores, no puedo culparlas de nada”
“Ese es un buen punto” ―coincidió el hechicero ― “Son lobas nuevas”
“Además, después de lo que pasó anoche, sé que no debo dudar de él, sé que él es mío Gael, y,