Capítulo 34. Salto mortal.
Arleth.
Me termino calmando cuando la fragancia me adormece las neuronas, poniéndome a cantar una canción que mi mente produce. Conducen a una velocidad que con la música en mi cabeza aún no tengo ni la más mínima idea de si vamos a morir, pero me sostengo de la pierna cubierta por tela oscura que siento más firme que todo mi cuerpo.
—¿Cuánto bebiste? —me preguntan en un sitio sin tanto ruido, en tanto cuelgo en sus brazos, sacudiendo los brazos para bailar, echando la cabeza hacia atrás, sol